Hace unos días discutíamos sobre el acceso a la viviendas de protección oficial y quienes están accediendo a ellas. A mí me resulta alarmante que un número elevado de amigos y conocidos con estudios universitarios, trabajos dignos y buen nivel sociocultural, tengan que ser protegidos por la sociedad para adquirir una vivienda.

No me mal interprete ningún amigo o conocido, me alegro que tengan la posibilidad de disfrutar de una vivienda a un precio razonable, pero insisto mucha de la gente que se encuentra en esta situación, por formación y situación laboral entiendo y quiero pensar que es lo que se ha denominado toda la vida clase media. La clase media ha sido la promotora de la revolución industrial en Europa, el plancton de la sociedad del bienestar que tanto me gusta. Ya que es de las sociedades utópicas la que más cerca ha estado nunca de funcionar. Parece que los nuevos modelos sociales impulsados por el despertar en el consumo de los asiáticos y el ritmo fuerte de los americanos hace complicado el estar bien.

Para que la moral no decaiga se está generando un sucedáneo denominado Low Cost, que está creando en una masa unificada y conforme que se viste en Zara, viaja con Ryanair y duerme en camas IKEA. De esta manera nos vamos dando menos cuenta de la perdida de poder adquisitivo y de la brecha mayor existente entre ricos y no ricos.

Claro con este panorama, resulta que el Ayuntamiento por demanda de sus depauperada mayoría de votantes debe instalar una piscina cubierta, para ello vende la parcela obteniendo las plusvalías que le permitan construirla, el constructor debe repercutir el valor del suelo en la vivienda y el depauperado votante pagar la vivienda a un precio desorbitado y como no puede hacerse socio del club deportivo pide piscinas públicas al Ayuntamiento.

Es una lectura facilona pero creo sinceramente que algo de esto hay.